MATECUMBE

By JUAN PUJOL

El sábado 8 de Junio estuvimos reunidos en Camp Matecumbe para celebrar el 50 aniversario de la graduación de la única clase de “seniors” de Matecumbe High. El calor y la humedad imperante no se podían comparar con el calor humano en los abrazos y saludos de todos los que allí estábamos celebrando con ellos.

Como siempre que nos vemos en ocasiones como esta, tal parecía que nos habíamos visto recientemente, que nunca nos habíamos separado, aunque en muchos casos no nos habíamos visto más desde que nos despedimos al irnos del Campamento.

Matecumbe es un lugar muy especial que a veces es difícil de explicar, yo viví allí casi un año de los tres que estuve en el programa. Viví en tres campamentos; pero ningún otro dejó en mi las huellas que dejó Matecumbe.

No negaré que sufrí conociéndote aquel día...” como diría el poema sobre Matecumbe en el ultimo numero de Forja. (Publicación mensual de Octubre del 62 hasta Mayo/ Junio del 64).

Llegué una noche de agosto en medio de una tormenta tropical y al acostarme en la litera que me asignaron, sin sábana o almohada, me quedé dormido sintiendo las gotas de la lluvia cayendo en el techo de la carpa que me cubría, pero muy contento y agradeciendo a Dios el llegar a tierras de libertad.

Al otro día tuvimos un día bello y los rayos de sol se filtraban entre los muchos pinos que nos rodeaban, lo vi como una señal que mi pesadilla vivida en mi Patria en el último año, quedaba atrás como la tormenta de la noche anterior y mi vida comenzaba una nueva etapa llena de esperanza.

Después de vivir allí, yo estuve listo para todo lo que enfrenté más adelante, tal vez fue por aquello que oía de “me roza, me patina, me resbala y me pasa por el lado y ni me echa fresco” o los ratos que, solo con los pinos y los montes me ponía a hablar con Dios o el compartir con aquellos que tenían los mismos valores que yo y veíamos el tiempo en el Campamento como estar en una fragua forjándonos para el futuro.

Todos nosotros tenemos la responsabilidad de proclamar nuestra saga, de contar nuestra historia personal, de que se sepa que estamos orgullosos de ser llamados Pedro Pan, de que estamos agradecidos a nuestros padres que hicieron el sacrificio de enviarnos a un futuro incierto; pero que ofrecía más tranquilidad y seguridad de lo que estábamos viviendo en Cuba.

Camp Matecumbe es el lugar ideal para mantener físicamente recuerdos de nuestra historia, vamos a unirnos todos, no solamente los Matecumberos, sino todos los Pedro Pan.

El Board de Directores de OPPG ha tomado la iniciativa en dar estos primeros pasos y les estamos muy agradecidos por su esfuerzo.

Hago un llamado a todos a trabajar unidos para conseguir que podamos decir MATECUMBE VIVE.

“Matecumbe, nombre indio, coraje y abnegación
Matecumbe, tu recuerdo, vivirá en mi corazón…”